Cuando el destino de los paises y sus millones de habitantes no dependen de lo que trabajen y la cantidad de alimentos.
zapatos o productos que sean capaces de fabricar, sino de que un señor con cara de acelga mustia se coloque tras una mesa
e insinue que “tal vez si o tal vez no” el Banco Central compre o no compre deuda, lo que provoca que unos pocos ganen millones mientras millones pasan hambre, ha llegado el momento de renegar del sistema que propició que llegaramos a eso.
Ni siquiera un monstruo como Adolf Hitler pudo causar tanto dolor con un simples gesto.
!Y mira que tambien tenía cara de acelga!